Nueva Orleans, luego Guatemala, Chiapas, El Salvador, Honduras, Pakistán, India, Haití, Cancún. En esta aldea global, todavía no nos recuperamos de una y llega otra. A mi me duele lo que pase en cualquier lugar como si fuera mi propio país. Me duele el sufrimiento, el hambre, el frío, la destrucción, la desolación de quedarse sin nada. Eso despierta sin duda, la solidaridad. Y a la vez estos desastres muestran el nivel de calidad humana que tenemos, la manera cómo prevenimos y muestra el racismo, la demora de respuesta del gobierno de EE.UU., la cultura distinta en México, la fragilidad de los países de Centroamérica y la marginalidad del Caribe, para que sólo sean noticia en la desgracia. Pero sobre todo muestran la irracionalidad de quienes, con su omisión de apoyar el tratado de Kioto, están generando desastre tras desastre en nuestra región de América: el gobierno de un fundamentalista atroz y un terrorista de bajo impacto: Bush. ¿Tendrá Dios que mandarle un email o hacerle una llamada por teléfono para que deje de invadir, para que firme los tratados, para que en vez de debilitar fortalezca los organismo internacionales como la ONU? Hagámosla de Dios! Para que este hombre reaccione, parece vivir en un mundo de fantasías. Tal vez se pueda decir ya! lo importante es ayudar. Si, y prevenir diría yo! y mejorar el medio ambiente y evitar el calentamiento global y amar el lugar en donde vivimos y que heredaremos. Araceli Sánchez, México Distrito Federal, México
|